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por Frederique Braun
El Perú ha sido el escenario de la violencia política que ha
dejado en 20 años (1980-2000) muchas heridas y cicatrices en el cuerpo
y en la mente de los peruanos. Así mismo, la población se encontraba
entre los conflictos, entre dos fuegos mientras las fuerzas armadas y los
grupos subversivos desempeñaron un papel importante en la guerra interna.
Los niños fueron, y todavía son, las principales victimas
debido a su menor capacidad de respuesta.
Situación de los niños afectados por la violencia política
La violencia puso a miles de adultos y niños en peligro de perder la
vida y la de sus seres queridos. Varios niños se quedaron huérfanos,
otros sufrieron la separación forzada de sus padres por desplazamientos,
desapariciones o cárcel. Muchos niños vieron sus hogares destruidos,
sus familias desintegradas físicamente y moralmente. Otros fueron traslados
de poblaciones andinas a las ciudades buscando refugio. Algunos sufrieron abusos
en su propio cuerpo (violados o maltratados). Por todo ello, su estabilidad
emocional se vio invadida por fuertes sentimientos de miedo, amenaza, fragilidad
y desesperanza .
El bienestar y el proceso de desarrollo de los niños que han sido expuestos
a diferentes formas de violencia, ya sea como victimas o como testigos, esta
comprometido. En muchos de los niños que sufrieron de la violencia política,
ha aumentado la incomunicación social y afectiva y los comportamientos
ansiosos y agresivos. La mayor parte de ellos no sabe ni entiende el porque
de lo que paso, pero lo sufrieron en carne propia. Aun los más pequeños
no olvidan tan fácilmente como quisieran creer los adultos. Estos niños
muchas veces viven en medio de dudas, confusión y silencios, porque
a los mayores a su cargo no les parece necesario hablar del “asunto”.
Los niños pueden sentir esta dificultad de hablar del problema como
una forma mas de violencia, y no se dan cuenta del temor que tienen los adultos
de tocar esas heridas.
Toda situación de violencia afecta a la familia entera y los niños
resultan siendo los más vulnerables. Especialmente, cuando los padres
han sido victimas y están ocupados en tratar de curarse y superar su
propio dolor, los niños se ven expuestos al descontrol, rabia e irritabilidad
de los padres, lo que añade mas sufrimiento, confusión y desconcierto.
En esta situación, los padres pierden su función de intermediarios
entre la realidad y los niños, y dejan de ser soportes emocionales para
que los niños puedan enfrentar los miedos internos y externos .
Expresión a través el juego y el arte
Los adultos (padres, educadores, psicólogos) pueden ayudarlos de distintas
maneras para que las huellas de los años violentos no sigan causándoles
mas daño. Hay que dar la posibilidad a los niños de desahogar
su cólera, su agresión, su frustración a través
del juego, del dibujo, del teatro, de la expresión en general.
Los niños en situaciones difíciles pueden ser muy creativos
si se les da la oportunidad, tanto como pueden convertirse en delincuentes
cuando su energía no encuentra ningún lugar de expresión.
Cuando no hay estructuras afectivas, familiares y sociales alrededor de los
niños, la energía de estos no esta canalizada. Ahora bien cuando
una fuerte energía no esta utilizada, se transforma en violencia que
puede explotar en cualquier momento .
El juego es la principal actividad del niño, la que más absorbe
su interés. El mundo imaginario del niño parece hecho a la medida
de sus necesidades. En las experiencias de trabajo terapéutico con niños
se ve que estos reproducen en sus juegos la situación social de violencia
que viven, o han vivido . El niño repite en sus juego lo que le impresiona,
y de esa manera saca el miedo y la angustia fuera de el mismo y se libera del
peso de lo que ha vivido. Esto le da la oportunidad de transformar los hechos
vividos y cambiar la dura realidad, jugando. Su imaginación convierte
en juego situaciones que no puede comunicar abiertamente, todo aquello que
le cuesta entender. Encuentra en los muñecos y juguetes, personajes
que sienten sus dolores, temores y miedos. De esta manera el juego favorece
el bienestar emocional del niño y da sentido al drama que le toco vivir.
Y le permite al adulto ver como el niño imagina y siente los hechos
vividos. Todo niño tiene así una fuerza muy grande para superar
las experiencias negativas.
La resiliencia o como sobrevivir y desarrollarse
A pesar de que los niños hayan vivido situaciones traumáticas,
ellos manifiestan una extraordinaria capacidad de supervivencia y de recursos
que les permiten continuar con su vida. Un concepto en psicología resume
esta capacidad que tiene el niño: la resiliencia, entendida como la
capacidad emocional, cognitiva y sociocultural que permite al niño desarrollarse
sanamente a pesar de vivir en condiciones tan adversas como son las situaciones
de extrema pobreza, violencia familiar, guerras y conflictos, o catástrofes
naturales, y que le permite enfrentar y transformar constructivamente estas
situaciones causantes de sufrimientos y daños que amenazan su desenvolvimiento
para convertirse en adulto equilibrado y realizado.
La temática de resiliencia en programas de desarrollo infantil fue
introducida en América Latina en los años noventa, principalmente
a través de proyectos financiados en distintos países por la
Fundacion Bernard van Leer . En estos tipos de proyectos, se toma en cuenta
dos situaciones determinantes, inherentes al concepto de resiliencia. Por
un lado, las situaciones de riesgos y adversidades , y por otro, las diferencias
individuales que permiten una respuesta del individuo cualitativamente diferente
en estas situaciones difíciles.
La resiliencia como estrategia en programas de intervención para la
infancia constituye un enfoque innovador que resalta la promoción de
los factores protectores del desarrollo infantil, al contrario de los programas
tradicionales, cuyo propósito es reducir o prevenir la presencia de
los factores de adversidad y riesgo. Es decir, ya no son las necesidades de
los niños que importan sino fomentar las propias capacidades de estos.
Migración y violencia familiar
Las ciudades de la costa, entre ellas Lima, no estuvieron en el centro del
conflicto aunque los hechos ocurridos en ellas tuvieron gran impacto en la
opinión pública. En cambio, son las zonas de los Andes centrales
que se convirtieron en el cementerio del 85% de las victimas de la violencia.
Forzadas por la violencia política, familias enteras han sido desplazadas
de sus lugares de origen en la sierra o selva. Y en la mayoría de los
casos, estos hombres, mujeres y niños han terminado sobreviviendo en
condiciones de extrema pobreza en las zonas deprimidas de Lima .
El conflicto terminado, y los años pasando, las características
de la población cambiaron, ya no son ser victimas de la violencia política,
sino ser victimas de otro tipo de violencia: la pobreza extrema, la violencia
familiar, el maltrato infantil. Los proyectos desarrollados por las instituciones
que trabajan con los niños y sus familias toman en cuenta este aspecto
del problema. No se sabe siempre donde están los límites entre
la violencia política y la violencia familiar.
Los niños de ayer ya no son niños hoy día. Ahora, los
niños son los hijos de las victimas, de las personas traumatizadas.
Y se descubrió en psicología que los niños sufren aun
más de la representación del traumatismo que la victima ella
misma porque viven en una angustia sin cara, una agresión sin forma
. La transmisión del sufrimiento pasa entre las generaciones. Esta situación
provoca en los niños emociones intensas contra las cuales no saben defenderse.
Las instituciones que trabajaron acerca de los niños victimas y traumatizados
por la violencia están pensando en desarrollar proyectos para tratar
este tema, pero aun no lo han hecho.
Resiliencia infantil andina en contexto de violencia política
y pobreza
La experiencia desarrollada por CEPRODEP - ONG especializada en el enfrentamiento
de las secuelas psicológicas, sociales, políticas y económicas
de la violencia política y social – a través del proyecto “Pukllay
Wasi” (Casita de juego) se trata del trabajo efectuado con poblaciones
afectadas por la violencia política y pobreza extrema, específicamente
en 10 comunidades campesinas de 3 provincias del Departamento de Ayacucho.
Los trabajadores intentaron promover la resiliencia con 500 niños y
niñas entre 4 y 12 años de edad, y sus respectivas familias.
Ejecutado bajo el auspicio de la Fundación Bernard van Leer entre septiembre
del 1997 y marzo del 2000 , plantearon un proyecto de fortalecimiento y promoción
de la resiliencia en los niños, involucrando la participación
activa de su entorno familiar y social, con el uso de los recursos resilientes
personales, sociales y culturales que esta población ya disponía,
los mismos que deberían ser fortalecidos, y a su vez controlar los factores
de riesgo. Teniendo al niño como foco central de la intervención,
este proyecto da cuenta que el trabajo no solo ha tenido impacto en los niños
sino también en su entorno familiar y social, es decir que el cambio
en los niños incide en el desarrollo de los otros miembros de su entorno.
Se implemento espacios simbólicos llamados “Pukllay Wasi” o “Casitas
de juegos”, y a través talleres lúdicos y utilizando técnicas
como el sociodrama, los parlamentos infantiles, las actividades recreativas
y las manifestaciones culturales, se trabajaron las capacidades de los niños,
identificadas en el sistema de socialización y crianza andino y asociadas
a la resiliencia: autonomía, creatividad, autoestima, identidad cultural,
humor, manejo y expresión de emociones y cooperación.
Utilizando también técnicas lúdicas, talleres y dinámicas
de reflexión, con los padres se trabajo el desarrollo de actitudes favorables,
tales como la valoración del niño, la atención de sus
necesidades físicas y afectivas, la transmisión cultural, el
orden y el control. Se trataba de la misma manera comprometer la participación
de los miembros de la comunidad en la organización de los “Comités
de gestión para el desarrollo infantil”, los cuales se tienen
que encargar del equipamiento y de los servicios de los “Pukllay Wasi”,
así como de la administración y gestión de servicios a
favor de la niñez en la comunidad. Son los promotores comunales capacitados
que son el nexo de transmisión del programa y los que deben garantizar
el autosostenimiento de los contenidos.
Socialización de los niños desplazados
El CEDAPP, Centro de desarrollo y asesoría psicosocial trabaja desde
1976 en la promoción de la salud mental infantil y adolescente. Su experiencia
en atención a personas afectadas por la violencia política se
desarrollo en dos etapas (1991-92 y 1994-96) y consistió en organizar
talleres con los niños y madres desplazados por violencia política
en las zonas de Ate-Vitarte (cono este de Lima). Los niños que han crecido
en un contexto de violencia y enfrentan la necesidad de adaptarse a un nuevo
medio pueden favorecerse si se les brinda un espacio que los acoja y les permita
expresar y elaborar las situaciones dolorosas, y si se les facilita la adquisición
de nuevas habilidades sociales . La intervención del CEDAPP consistía
en organizar talleres de “socialización y aprendizaje” que
permitía a grupos de niños reunirse una vez por semana y participar
en distintas actividades creativas (mascaras, cuentos, etc.) y recreativas
(juegos, etc.). La estrategia de la intervención daba la oportunidad
a los niños de compartir sus emociones y recuerdos, su angustia frente
al proceso de desplazamiento. “Con el juego del zorro y de la gallina,
explica Maria Julia Oyague, directora del CEDAPP, cada uno de los niños
a su turno podía sentirse el que persigue y el que huye. Este tipo de
juego permitía a los niños reflexionar, hablar de la violencia
y de la migración que vivieron”.
Seleccionando niños que presentaban los síntomas de un stress
post-traumático y utilizando fichas de observación del comportamiento,
se intento medir el impacto de la intervención. Muchos síntomas
(falta de sueño, mala alimentación, dificultades relacionales,
tristeza permanente, falta de concentración, etc.) han desaparecidos.
Además se observo una mejora en la salud mental de los niños
cuyas madres participaban en actividades complementarias que la institución
desarrollaba. En la lógica de una intervención comunitaria, se
implemento un proyecto de bibliotecas y ludotecas en 6 barrios de la misma
zona Ate-Vitarte con el apoyo de promotores locales. La sostenibilidad y la
autogestión presento dificultades, así que las bibliotecas y
ludotecas estuvieron en función hasta el año pasado.
Hijos de encarcelados
El CAPS, Centro de Atención Psicosocial, es una organización
que inicio su trabajo en 1994 en el seno de la Coordinadora Nacional de Derechos
Humanos. Está conformado por un equipo de profesionales en atención
a personas afectadas por causa de violencia política, así como
a sus familiares. Trabaja en forma conjunta con organismos e instituciones
que promueven los derechos humanos, organizando talleres regionales y nacionales
en temas de salud mental y derechos humanos, y brindando apoyo a los equipos
que trabajan directamente con personas afectadas. Así mismo, el CAPS
colaboro directamente con la Comisión de la Verdad y Reconciliación,
y con sus equipos de profesionales.
El CAPS atiende, en sesiones psicológicas individuales, a niños
cuyos padres están en cárcel por violencia política. “Los
niños no entienden porque su mama o su papa esta encarcelado, están
en busca de una explicación”, cuenta Pilar Raffo, psicóloga.
La mayoría de las familias de estos niños se han desplazado
de la sierra hacia la capital en los tiempos de la guerra interna, y se han
agrupado en los asentamientos humanos de los conos de Lima.
Promoción de la resiliencia en situación de pobreza
extrema
Con el proyecto “Barrios Resilientes frente a la violencia contra y
entre niños y adolescentes del Parque Metropolitano de Villa El Salvador
(cono sur de Lima)” iniciado en 2002, Médicos sin Fronteras busca
incrementar la capacidad de resiliencia de los niños y adolescentes,
trabajando en conjunto con los padres y los adultos en general dentro la comunidad
en un contexto de pobreza y violencia familiar. Se trata de talleres que buscan
incrementar los factores protectores internos y fomentar las competencias relacionales
y sociales en niños y adolescentes entre los 6 y 13 años. Se
trabajan las variables de autoestima, empatía y autocontrol, por un
lado; y resolución de conflictos, capacidad para cultivar relaciones,
protagonismo y participación, por otro lado. En un ambiente de respeto
por él mismo, el compañero y el ambiente, la dinámica
de los talleres pretende fomentar las variables personales y de relaciones
sociales mediante juegos infantiles, dibujos, pinturas, videos, plenarios,
dramatizaciones, expresión corporal, manipulación de títeres,
etc. Se realizan también talleres informativos y educativos (relaciones
familiares y sociales, buen trato, desarrollo del niño y adolescente,
higiene y alimentación, etc.) con las madres de la comunidad.
En forma de conclusión, las experiencias de trabajo demuestran que
la propuesta de intervención institucional, la atención psicológica
y la promoción de la resiliencia se enriquece al estar vinculadas con
el entorno del niño, es decir la familia, la escuela y la comunidad
. La organización comunitaria, así que la participación
de los padres de familia, permite discutir en dar soluciones a las necesidades
de atención a sus niños. Así será posible reconocer
y comprobar que las familias, victimas de la violencia, necesitan estar apoyadas,
pero que también cuentan con recursos propios: una experiencia de vida
y de organización, una capacidad de supervivencia y de lucha, y una
cultura sostenida por fuertes valores.
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